Mil caerán… ¿y yo?

Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos. — Salmo 91:7–8
Hay temporadas en la vida donde parece que todo a nuestro alrededor se está rompiendo. Personas que amamos pierden su salud, su trabajo, su matrimonio. Ministerios se apagan, proyectos se caen, sueños se retrasan sin explicación. En medio de ese paisaje, este versículo del Salmo 91 puede sonar extraño: “Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.”
¿Significa que somos intocables? ¿Que nunca sufriremos? La Biblia misma nos muestra que los hijos de Dios también pasan por pruebas, pérdidas y dolores profundos. La promesa aquí no es de una vida sin golpes, sino de una vida sostenida por una mano más fuerte que todos los golpes. Es la afirmación de que nuestra historia no está gobernada por el caos, sino por un Dios que sabe sostenernos aun cuando todo a nuestro alrededor se sacude.
Tal vez tú has visto caer a muchos a tu lado: personas de tu país que no lograron “hacerla”, amigos que se alejaron de Dios, familias quebradas por adicciones, deudas o violencia. Tal vez tú mismo has tropezado fuerte y te preguntas cómo sigues de pie. La respuesta no está en tu fuerza de voluntad, sino en la fidelidad de Dios. Si hoy sigues respirando, luchando y creyendo, es porque una mano invisible te ha sostenido muchas más veces de las que tú recuerdas.
Destacado:
No estás de pie porque nunca caíste, sino porque Dios te ha levantado una y otra vez.
Este texto no nos invita a mirar por encima del hombro, sino a mirar con gratitud. No a pensar “a mí no me pasa porque soy mejor”, sino a decir: “Señor, gracias porque me has sostenido hasta aquí”. Hoy puedes hacer una pausa y recordar los momentos en que pudiste haberte perdido, pero Dios te guardó; momentos donde tu fe pudo haberse apagado, pero el Espíritu volvió a soplar vida.
Ora así:
“Señor, en un mundo donde muchos caen, reconozco que si sigo de pie es por tu gracia. No quiero vivir con orgullo, sino con gratitud. Afirma mis pasos en ti y fortalece a los que hoy sienten que ya no pueden más. Sé tú la fuerza de los que están al borde de rendirse.”
Dios no promete que nunca habrá sacudidas, pero sí promete que aquellos que confían en Él no caerán fuera de su mano.
