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Protege tus emociones

Protege tus emociones

Protege tus emociones

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” — 2 Timoteo 1:7

Las emociones son reales.

El miedo se siente real. La tristeza se siente real. La frustración se siente real. La soledad se siente real. La ansiedad se siente real. Pero que algo sea real no significa que debe gobernar.

Una emoción puede cambiar el tono de una conversación. Puede cerrar el corazón. Puede empujarnos a decir palabras que hieren. Puede hacernos tomar decisiones sin paz. Puede convertir una situación pequeña en una historia completa de abandono, rechazo o fracaso.

A veces sentimos algo y automáticamente creemos que es verdad.

Siento rechazo, entonces pienso que fui rechazado. Siento miedo, entonces pienso que todo saldrá mal. Siento soledad, entonces pienso que estoy abandonado. Siento enojo, entonces pienso que tengo derecho a destruir con mis palabras. Siento cansancio, entonces pienso que ya nada vale la pena.

Pero la voz profunda del Espíritu nos enseña otro camino.

Pablo le recuerda a Timoteo que no hemos recibido espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Esta palabra es importante porque el dominio propio no significa represión emocional. No significa fingir que nada pasa. No significa esconder lo que sentimos. Significa que el Espíritu nos ayuda a ordenar lo que sentimos para que no nos destruya ni destruya a otros.

Proteger tus emociones no es negar tu humanidad. Es aprender a llevar tu humanidad a la presencia del Espíritu antes de convertirla en reacción.

Puedes reconocer la emoción sin obedecerla. Puedes decir: “Estoy herido”, sin hablar desde la herida. Puedes decir: “Tengo miedo”, sin dejar que el miedo tome la decisión. Puedes decir: “Estoy cansado”, sin concluir que todo está perdido.

Esto es especialmente importante para quienes cargan responsabilidades espirituales, familiares o comunitarias. Pastores, líderes, madres, padres, maestros, servidores: muchas veces tienen que responder cuando por dentro todavía están procesando. Pero no toda respuesta tiene que ser inmediata. A veces lo más espiritual que puedes hacer es pausar.

Respira. Ora. Espera. Discierne. Pregunta: “Espíritu Santo, ¿qué hay debajo de esto que estoy sintiendo?”

Tal vez debajo del enojo hay dolor. Debajo del miedo hay cansancio. Debajo de la ansiedad hay necesidad de control. Debajo de la tristeza hay una pérdida no llorada. El Espíritu no solo te ayuda a sentir; te ayuda a entender lo que sientes.

Esta semana, no permitas que tus emociones sean tus enemigas ni tus dueñas. Escúchalas, pero no las pongas en el trono. Llévalas al Espíritu.

Destacado

Reconoce lo que sientes, pero deja que el Espíritu gobierne lo que decides.

Pregunta para reflexionar

¿Qué emoción ha estado tomando decisiones por ti?

Práctica de la semana

Antes de una conversación difícil, escribe primero lo que sientes y luego ora antes de decirlo.

Oración

Espíritu Santo, ayúdame a reconocer mis emociones sin ser dominado por ellas. Guarda mi corazón, mi boca y mis decisiones. Que lo que siento no sea más fuerte que tu paz en mí. Amén.

Esto es La Voz Profunda del Espíritu: ordenar las emociones bajo la paz del Espíritu.