Enfrentando lo que te quiere destruir

Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón. — Salmo 91:13
El lenguaje de este versículo es fuerte: leones, serpientes venenosas, dragones. Son imágenes de peligro, de fuerza, de algo que puede devorar o envenenar. En nuestra vida, esos “leones y serpientes” pueden tener muchos nombres: adicciones, patrones de pecado, heridas no sanadas, voces internas que nos dicen que no valemos, relaciones tóxicas o sistemas injustos que oprimen a los más vulnerables.
La promesa del Salmo 91 no es que esos peligros no existirán, sino que en Dios no estamos destinados a vivir huyendo eternamente de ellos. Hay victoria posible en Cristo. Pisar sobre leones y serpientes no significa jugar con el peligro ni exponernos sin sabiduría, sino dejar de vivir bajo el dominio del miedo y la esclavitud.
Tal vez hay áreas en tu vida donde llevas años sintiendo que siempre pierdes: el mismo pecado que se repite, el mismo miedo que te paraliza, la misma dinámica destructiva que no logras romper. Hoy Dios no te habla con condenación, sino con invitación: “En mi fuerza, eso que te pisa, un día será algo sobre lo que tú testifiques victoria”.
Destacado:
Lo que hoy te persigue, mañana puede convertirse en testimonio de lo que Dios hizo en ti.
Esa victoria no es automática ni mágica; implica procesos, decisiones, ayuda y comunidad, pero comienza con algo sencillo y profundo: reconocer que solo no puedes, y que necesitas la gracia de Dios y el acompañamiento de personas sabias.
Ora así:
“Señor, muéstrame con honestidad cuáles son los ‘leones’ y ‘serpientes’ de mi vida. Aquello que roba mi paz, que me aleja de ti, que hiere a los que amo. Dame tu fuerza para enfrentarlos y tu sabiduría para buscar la ayuda que necesito. Que un día pueda mirar atrás y decir: ‘Esto me destruía, pero Dios me hizo libre’”.
En Cristo, no estás condenado a repetir tus cadenas para siempre. Hay victoria posible cuando caminas de la mano de Aquel que ya venció a todo poder de oscuridad.
